La batalla que nunca se libró

Los terrenos de Vandellós II albergan vestigios de las líneas de defensa proyectadas por los republicanos para evitar el avance nacional hacia Cataluña. Los búnkers y las trincheras del Coll de Balaguer permanecen intactos, 70 años después, a la espera de una batalla que nunca se libró.

Escondido en los paisajes del término municipal de Vandellós i l’Hospitalet de l’Infant permanece casi intacto al paso del tiempo todo un sistema defensivo compuesto por centenares de metros de trincheras, algunos búnkers, polvorines y refugios de tropa. Son los restos de uno de los ramales de las líneas de defensa proyectadas por Vicente Rojo, el jefe del Estado Mayor del ejército republicano durante la Guerra Civil, para contener el avance Nacional hacia Cataluña. Los terrenos que ocupa actualmente la central nuclear Vandellós II albergan algunas de aquellas trincheras y un búnker en la línea de costa. Todo este sistema defensivo ha sido catalogado por Alfons Tejero, un aficionado a la arqueología de l’Hospitalet de l’Infant, que actualmente está desarrollando su estudio con un equipo de estudiantes de la Escuela de Arquitectura de la Universitat Rovira i Virgili.

La puerta de Cataluña

El Coll de Balaguer ha sido a lo largo de la historia un punto militar estratégico ya que se consideraba la puerta de entrada a Cataluña. Su escarpada orografía lo ha convertido en testigo de muchas batallas y, una vez más, durante la Guerra Civil, los republicanos creyeron que alguno de los choques cruciales de la contienda se libraría en este pedazo de tierra.

Desde septiembre del 1936, Mallorca quedaba en el bando nacional y durante el mes de octubre el pueblo de Roses, en Girona, fue bombardeado por sorpresa poniendo de manifiesto la debilidad de la costa frente a los ataques nacionales. En menos de dos años el cerco se fue estrechando sobre Cataluña y en el 1938 ya se encontraba prácticamente aislada del resto de territorio republicano. Fue entonces cuando Vicente Rojo, el principal estratega militar de la República, decidió defender Cataluña con líneas fortificadas. La primera de ellas estaba en el Coll de Balaguer. La Generalitat y la República tenían información estratégica de que Franco realizaría un gran desembarco por tierra, mar y aire en esta zona y así fue como los arquitectos e ingenieros civiles de Cataluña se pusieron al servicio de la República para diseñar el entramado defensivo de la zona.

Puesto que todos los hombres jóvenes estaban en el frente y no se contaba con mano de obra, la República instaló en l’Hospitalet de l’Infant un campo de trabajo con unos 3.000 religiosos y presos políticos procedentes de las cárceles de Cataluña y Valencia. Estos fueron obligados a trabajar en condiciones infrahumanas para cavar trincheras y levantar búnkers, refugios y polvorines. En unos seis meses, con el esfuerzo de estos hombres que trabajaron como esclavos, se levantó una zona fortificada de unos 9 kilómetros de largo.

Sin embargo aquel desembarco planeado por Franco y sus generales en el Coll de Balaguer nunca se llegó a producir. La suerte de la República se decidiría en el Ebro, la mayor batalla de cuantas se libraron durante la Guerra Civil, la más sangrienta y larga de todas. A principios de abril del 38 el ejército nacional entró a Cataluña por la provincia de Lleida y más al sur, el 15 de abril, se abrieron paso por el Maestrazgo llegando a las playas de Vinaroz. El territorio republicano quedaba dividido en dos. Vicente Rojo se vio obligado a cambiar de estrategia y diseñar un nuevo plan para obligar a los nacionales a distraer fuerzas del ataque a Valencia y así aliviar la situación del ejército de Levante. De esta manera, la contienda se desplazó al Ebro.

Los nacionales llegaron a la zona del Coll de Balaguer procedentes de Móra d’Ebre y l’Ametlla de Mar, con un ejército republicano ya en retirada que no pudo más que destruir a su paso caminos y puentes para intentar, en la medida de lo posible, retrasar el avance de las tropas de Franco.

Huellas del pasado

Durante poco más de 70 años transcurridos desde aquella época, la dificultad de acceso de la zona y el olvido de los vecinos han hecho que la mayor parte de aquel sistema defensivo permanezca muy bien conservado. Esta huella del pasado no pasó sin embargo desapercibida para Alfons Tejero, un empresario de l’Hospitalet con vocación de arqueólogo e historiador que ya ha publicado dos libros sobre el patrimonio histórico de su municipio: Inventari de les restes arqueològiques i històriques de la plana del Coll de Balaguer (2008) y Recull de les cases antigues de l’Hospitalet de l’Infant (2006).

Alfons se ha dedicado en su tiempo libre a localizar y catalogar los búnquers y trincheras y gracias a la colaboración de los estudiantes de arquitectura de la URV se está profundizando en el estudio y divulgación del patrimonio histórico. Gracias al trabajo de 17 de estos estudiantes ya se han catalogado 23 emplazamientos diferentes y está previsto que el trabajo continúe durante el próximo curso.

Trincheras y un búnker, patrimonio histórico en CN Vandellós II

Al sur de la central nuclear Vandellós II, a escasos metros del vallado que limita las instalaciones, descubrimos una trinchera perfectamente conservada. Durante años, esta zona se había mantenido salvaje, de manera que los restos habían pasado desapercibidos, escondidos entre la maleza, a la sombra de los pinos. Incluso, cuando la unidad de medioambiente, durante las labores de limpieza de la zona descubrió los restos, los atribuyó en principio a una construcción rural realizada por algún campesino. Pero las características especiales del trazado que se alarga como un pasadizo zigzagueando a una profundidad de aproximadamente 1’5 metros revelaron su origen. En realidad los restos que se conservan están formados por varias trincheras unidas entre sí y muestra las diferentes técnicas de fortificación usadas en la época, un trabajo laborioso en piedra seca, construido en mampostería o picado directamente en la roca. En este caso concreto, se observan dos tipos de construcciones: en zigzag, con secciones de unos tres metros, que tenía como objetivo salvaguardar a los soldados en el caso de destrucción de alguna de las secciones; y con este mismo objetivo, la otra modalidad, constituye un trazado en línea recta separado también en secciones a través de un muro. Un cubículo de unos 4 m2 es lo que se denomina el pozo de tirador, donde se ubicaría un arma pesada como una ametralladora. Finalmente, el recorrido de ambas trincheras se une en un espacio de una amplitud superior constituyendo un refugio que podría albergar a un grupo numeroso de soldados.

Las fortificación con trincheras como las que se conservan en el Coll de Balaguer formaban parte de una estrategia de defensa que fue utilizada por última vez durante la Guerra Civil española. En ellas, la primera línea de defensa terrestre, las trincheras, blindaba el terreno hacia el este hasta llegar al mar donde se ubicaba generalmente el búnker para la protección marítima. En el caso del patrimonio histórico encontrado en CN Vandellós II existen también restos de un búnker en los terrenos situados al norte, lindando con Vandellós I. El acceso a la edificación es algo arriesgado, situado en la cima de una zona rocosa, dominando la costa de norte a sur. Un espacio privilegiado que permaneció ignorado durante años, aunque no desconocido. Según documenta la publicación de la SNE, Historia Nuclear de España, un turista holandés utilizó el búnker como alojamiento vacacional gracias a la picaresca de algún trabajador de la administración. Cuando se eligieron estos terrenos para la ubicación definitiva de Vandellós I, el inquilino se vio obligado a abandonar su “apartamento”, no sin antes oponer resistencia y defender los derechos que supuestamente le correspondían.