Seguridad intrínseca

La seguridad intrínseca está garantizada por el conjunto de sistemas de control y protección incorporados en la planta, su grado de redundancia y diversidad, y la separación física entre sistemas redundantes que realizan una misma función.

A ello cabe añadir que, como parte del diseño, los reactores nucleares de Ascó y Vandellós II tienen un coeficiente de temperatura del moderador negativo, por lo que si la temperatura del agua sobrepasa el umbral de funcionamiento normal, la reacción de fisión se detiene de manera automática.

Así mismo, las plantas disponen de una serie de sistemas de control y protección del reactor que garantizan la operación segura de las centrales. Destacan los siguientes:

Parada del reactor
Las centrales nucleares de Ascó y Vandellós II disponen de sistemas de protección redundantes para proceder a la parada del reactor. Para ello se incorporan diseños pasivos que aseguran, en caso de ser necesario, la caída instantánea de las barras de control. Éstas se insertan en los propios elementos combustibles por medio de la gravedad y sin necesidad de corriente eléctrica para su accionamiento, lo que consigue detener la reacción nuclear de fisión de manera inmediata.

Sistemas de salvaguardia
La reacción a potencia cesa después de la parada del reactor, pero continúa generándose durante un cierto tiempo un calor residual en el núcleo del reactor. Este calor residual obliga a que se deba seguir refrigerando el combustible tras la parada, para mantener intactas las barreras de protección. Ascó y Vandellós II disponen para ello de múltiples sistemas de refrigeración de salvaguardia, independientes, con equipos vitales redundantes, de manera que, en caso de darse una malfunción en alguno de estos sistemas, el resto podrían asumir inmediatamente su misión.

Barreras de seguridad
Tres recintos sucesivos impiden la salida al exterior tanto de radiaciones como de productos radiactivos. Estas barreras aseguran que en el supuesto de producirse un fallo no habría daños al exterior. Cada una de estas barreras asegura que la hipotética rotura de una de ellas sea soportada por la siguiente. La primera barrera la constituyen las vainas que albergan el combustible; la segunda, la propia vasija del reactor integrada en el circuito primario y, la tercera, el recinto de contención, una estructura de hormigón armado de gran espesor revestida interiormente con un forro de acero.

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